Aguirre y Gil de Biedma

Publicado en 14/06/2012 | Por Cristóbal Villalobos | Otros

Mientras los políticos y los mercados juegan al gato y al ratón con nuestro futuro, mientras se dedican a la especulación, habrá que ver algún día quién se está enriqueciendo a costa de nuestra angustia, Esperanza Aguirre vuelve a ponerse al frente del debate político y nos promete, entre tasas y recortes  de diversa índole, un recorte de políticos: el único hachazo que los españolitos estamos dispuestos a  acatar sin quejas ni lamentos de ningún tipo.
Siempre me gustó Esperanza Aguirre porque, de segundo, se apellida Gil de Biedma y, en esta España tan prosaica, ser prima, aunque sea con riesgo, de un poeta, ya resulta  un patrimonio cultural infinitamente amplio comparado con el bagaje que demuestran la mayoría de próceres de la patria. Me gusta “Espe” porque a veces, más que Esperanza, parece Aguirre, “la cólera de Dios”, y, con su estudiada manera de captar la  atención mediática, embiste sobre aquello que sus compañeros de oficio creían sacrosanto instantes antes, inaugurando nuevas perspectivas en la monolítica y plana política española.
Es por esto último que es tan odiada por sus oponentes y tan temida desde sus propias trincheras. En ocasiones, la declaración de turno se le va de las manos y la lía parda, tanto que consigue superar a Cristiano Ronaldo en su propio terreno: nunca se vio a todo un estadio de fútbol, el Vicente Calderón nada más y nada menos, mentándole la madre a una señora que, para más inri, no estaba ni presente.
Esta vez la Condesa, Grande de España por casamiento, da en la tecla, provocando ataques de nervios entre la casta. Muchos ven peligrar su apacible pasto e intentan no salirse de la foto, vaya a ser que la última ocurrencia de la Condesa, que es como ser baronesa pero sin ascensores de pasado trágico, les deje sin silloncito parlamentario y tengan que buscarse un trabajo honrado.
Pero aquí seguimos con los rescates, con el dinero para la banca, como si con sanear las cajas, que ellos mismos han quebrado, se solucionasen todos nuestros problemas. Como si la  austeridad  no fuera hambre para hoy y para mañana. Dentro de unos meses estaremos bien saneados… y bien jodidos. ¿La solución? Empezar a recortar por donde hay que hacerlo, por los políticos y la administración, reestructurando el Estado para que, al menos, no sea una carga para nuestra economía.
Dice una leyenda urbana que el padre de un artista, en su lecho de muerte, preguntó:  “¿para qué sirven las diputaciones?”. La concurrencia no supo qué decir. Hoy añadimos ¿para qué sirve el Senado? ¿y las mancomunidades? ¿y los centenares de parlamentarios? ¿y los miles de concejales?  Y en ese plan.

Málaga Hoy, 10 de junio de 2012

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