Aznar: el regreso

Publicado en 30/05/2013 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Política

Dijo basta y apareció en la televisión, como un don Pelayo salvador de moreno marbellí y tableta de chocolate a lo Ronaldo. Un Aznar resucitado, con un plus de mala leche, regresó del averno que es la jubilación política para meterse de lleno en la actualidad. Cuando él lo quiso, como él quiso.

Se dejó el bigote en la historia de España y, con él, aquella risa sosa y ridícula que soltaba cuando era un tipo de Valladolid sencillo y espartano que venía a salvar a España de la corrupción y la golfería felipista.

Pero nadie es inmune al síndrome de la Moncloa. Tras el bienestar económico, aquel milagro español con pies de barro, sintió el mal de altura en forma de prepotencia y orgullo. Pasó a la reserva, con la tranquilidad que a uno le da el sentir haber cumplido con su finalidad vital. “Mariano, no malgastes mi enorme legado”, debió pensar cuando se retiró a un cuartel de invierno que mezclaba veranos de estilo Incosol y  universidades pijas americanas.

Con el rostro agrio del padre que tiene que cambiar sus planes porque el hijo le ha salido menos responsable de lo que él creía, y tras gastar tanta pasta en colegios de pago, Aznar sintió la necesidad de poner sus partes nobles sobre la mesa, mientras los españoles, divididos como siempre, temblaban de emoción o de repulsión.

Pasó rápido sobre los sobres de Bárcenas, Gurtel, bodas y demás asuntillos. Con un “no” basta, la duda ofende, como diría Botella. Resulta suficiente la palabra de un caballero castellano, más si su melena tiene aires a Cid Campeador, para dejar sentenciado tales temas, menores sin duda ante tamaño papel histórico del dirigente popular. “A mí con semejantes minucias”,  debió pensar tras ese rictus de hormigón gris.

Pero cuando uno es un ser superior, como diría el Buitre, quizás por gracia divina, uno no tiene complejos a la hora de cantarle las cuarenta al de enfrente, máxime cuando ese, el Presidente del Gobierno, se encuentra ahí por designación tuya. Amenazó el ex Presidente al Presidente, en un ultimátum a lo Pedro J. que Rajoy, en su táctica habitual, hace como que no ve, pero que le resulta infinitamente más peligroso que cualquier maniobra que pueda intentar Rubalcaba.

“Rajoy, haz lo que tienes que hacer y hazlo ya”, le espetó.  Quedó en el viento la afirmación esperanzadora de que se puede hacer algo más que aguardar a que cese el diluvio. Gracias, Aznar, por sacudirnos un poco, pero no te pases con las abdominales.

Málaga Hoy, 28 de mayo de 2013

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