Buscando el fondo

Publicado en 30/04/2013 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Política

Me siento a escribir con el regusto amargo, aunque esperado, de las gigantomáquicas cifras del desempleo nacional, que no por previsibles dejan de helarme la sangre. Unos señores trajeados dicen que estamos tocando fondo, pero hace tiempo que millones de familias malviven sin esperanzas de volver a salir a flote. El paro juvenil es ya un mal endémico, un castigo divino por el cual, quizás por nuestra pasada prepotencia, nos vemos condenados al hambre o al exilio. De entre los terribles números, como siempre, destaca nuestra pobre Andalucía, en la que un joven trabajador, de lo que sea, resulta una lejana  e inalcanzable quimera.

En las televisiones, entre luchas de trincheras y banderías, unos llaman a cambiar la política económica de forma urgente, a fomentar el crecimiento, dicen, mientras otros apuntan que lo que hay que hacer es seguir el camino de este Gobierno, el de la austeridad y los recortes, pero con más austeridad y, quizás, menos recortes que no acaben por ahogar la poca actividad económica que nos queda.

La economía, que es una ciencia sin alma, y en ocasiones un simple compendio de excusas al servicio de los poderosos, nos habla de déficits, de ciclos, de balanzas, mientras políticos y periodistas se hacen los entendidos disimulando la única y verdadera realidad: nadie sabe cómo demonios acabará todo esto.

En las calles, en las plazas, la situación no parece tan desesperada, y las cafeterías se llenan de gente ociosa que no trabaja, pero que desayuna con boato religioso todos los días. Hablan los listos, en esas tertulias que la crisis nos ha traído, como si ya no tuviéramos bastante, que España no implosiona porque la gente se saca las castañas del fuego como puede, sobreviviendo en el mundo de la economía sumergida, y parece que nos acostumbramos a malvivir con subsidios y chapuzas en un estoicismo un tanto predemocrático.

Si la economía son ciclos, si lo es también la historia, cosa que no tengo claro, parece que volvemos a la posguerra, a ese ir tirando con cuatro perras y, mañana, Dios dirá. Pero aquellos españoles habían pasado una guerra y ahora, sobre todo nosotros, los jóvenes, tenemos la piel muy fina, la vida muy cómoda, quizás hasta ahora, y el hambre de un éxito que nos creemos merecer.

Salen mis compañeros hacia un extranjero que ya no lo es tanto, mientras los que se quedan se marchitan por el hastío. Uno se pregunta por qué no son otros los que se marchan.

Málaga Hoy, 30 de abril  de 2013

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