Candido, suit up!

Publicado en 28/11/2012 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Política

Arturo Fernández es uno de esos artistas que, a base de años y trabajo, acaba por ser devorado por su propio personaje. Realidad y ficción se mezclan bajo un mismo traje, perfectamente planchado, como recién recogido del tinte, pero que tiene un corte pasado de moda.
En sus declaraciones de estos días, quien te mandaría meterte en estos fregaos, a tu edad, chatín, elaboró un sencillo discurso fácilmente suscribible por buena parte de los votantes del Partido Popular, sobre todo los de cierta edad. Pero no pudo resistirse a la tentación y se dejó llevar, como hace desde décadas, por su personaje, su alter ego, frívolo, pero con cierta gracia. Según el público, claro.
«En las manifestaciones, yo en mi vida he visto gente tan fea», se descolgó el viejo actor con su boutade del día, ante las carcajadas de los contertulios de Intereconomía, unos espectadores ante los que la función resultaba de lo más adecuada. Pronto los apologetas de lo políticamente correcto se echaron encima del galán octogenario, como si no hubiera otros asuntos en este país como para indignarnos por los chistes de un abuelete de derechas que promociona obra de teatro.
En las palabras del actor había, tras la injusta generalización y el chiste fácil, una profunda verdad: los sindicalistas, no se ofendan los de verdad, los toxos y los cándidos, se esconden tras su uniforme de pobre proletario mientras dicen  luchar por los trabajadores, pero sólo defienden su corralito de subvenciones, aperitivos en el Palace y coches oficiales.
Cándido Méndez y su amigo Toxo son como los Hernández y Fernández de la política española, pero con menos gracia que los personajes de Hergé. Si algo me llamaba la atención de sus ruedas de prensa e intervenciones públicas, a parte del verbo torpe y rancio de ambos, cargado de tópicos antediluvianos, era lo mal vestidos que van siempre, tanto ellos como las cúpulas de sus respectivos sindicatos.
Las cabeceras de las manifestaciones, lideradas por estos elementos, son feas, muy feas, porque cambiaron la ideología por el teatro y la mamandurria. A los sindicatos nacionales sólo les queda la facha, por eso, ante mejores argumentos, sus dirigentes se afanan, mientras cobran miles y miles de euros, por ejemplo de las cajas, en parecer humildes trabajadores.
Pero esa estética de pobres es impostada, y resulta poco creíble cuando se usa un Rolex y se toman copas en el mejor cinco estrellas de Madrid. Cándido, suit up, ponte un traje, recortate la barba, apúntate al gimnasio, olvídate de esos jerséis que pican nada más verlos.  Gástate el sueldo, copón. Si no modernizamos al sindicalismo, al menos que se ponga guapo.

Málaga Hoy, 27 de noviembre de 2012

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