Ciudad de cristal y piedra

Publicado en 23/02/2011 | Por Cristóbal Villalobos | Málaga, Otros

Amanecía entre las altas torres mientras el alter ego de Paul Auster en Trilogía de Nueva York, asfixiado por su decadente y frustrante realidad, se lanzaba al asfalto envilecido de la Gran Manzana dando comienzo a su paseo matutino.

La ciudad se abría a su paso, transitando por calles centenarias que se metamorfoseaban diariamente, perdiéndose en el infinito laberinto hasta desfallecer de cansancio y emprender el regreso a su Ítaca particular; su oscuro apartamento.

Ni yo soy Paul Auster, ni Málaga es “New York” pero, al igual que el escritor norteamericano, siento que conquisto la ciudad a cada pequeño paso que doy, renovando mis fuerzas el sol de la mañana.


Durante años recorrí las mismas calles, que se me muestran diariamente inexploradas, diferentes y repletas de nuevos misterios que descifrar y de pequeños tesoros por descubrir y rescatar.

Quizás sea mi oficio de escritor el me lleva a fijarme en este tipo de cosas, o quizás sea mi oficio de historiador el que me lleva a ver, en los rincones más insospechados, testigos de otros tiempos por preservar.

La ciudad es un descomunal ser vivo, contrario a las leyes más básicas de la naturaleza. Se hace joven y envejece, sin importarle el paso del tiempo o la vida de quienes la habitan. La ciudad se expande y se contrae, sobre el bamboleo de las olas de la Historia, atrapando y expulsando a aquellos seres que la habitan.

El humo ahoga la ciudad, herida de locura y ruido, habitada por gentes que la ignoran.

Una ciudad, y más esta ciudad, es algo más que montones de edificios y coches. Miles de años, de historias y de vidas han dejado su huella en ella. Conocerla, preservarla y mejorarla es el deber de sus ciudadanos.

Publicado en la web de la Fundación Manuel Alcántara

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