Columnistas

Publicado en 13/11/2012 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Literatura

A mi amigo Jesús Nieto, columnista de la raza hispánica, le gusta citar a Umbral cada vez que dice que va a ponerse a escribir. Para él, para Umbral, a veces son casi la misma cosa, escribir es cortar en lonchas la propia vida.
Ellos, y algún otro, se arrancan la existencia a cachos para llenar de literatura un hueco del periódico que mañana envolverá el pescado de los mercados o las luces de navidad fundidas del chino de la esquina. La columna, de los buenos columnistas, es un “carpaccio” de vísceras que se sirve frío, muy fino y aderezado. Un breve espacio en el que un escritor es el único rey y señor, mientras le deje el medio de turno, un lugar en el que interpretar la realidad desde la óptica personal con la herramienta de unos pocos caracteres.
La columna, en su más española concepción, es el lugar de trabajo de los “escritores de periódicos”, que tantos, y tan buenos, ha tenido nuestro país: desde Larra a González Ruano. Este último afirmaba sin rubor que el periodismo, como tal, no le interesaba ni mucho ni poco, sino que era el medio para hacer literatura en la prensa.
Lo que define, por tanto, al columnista, aparte de esa visión personal, es la voluntad de estilo, el intento constante por cuidar y avanzar en el uso del lenguaje y en la creación literaria que es, además, su modo de vida. El escritor, en general, y el columnista, en particular, es un profesional de la escritura, por lo que merece una justa remuneración por su trabajo. Estas tres características definirían de forma rápida al columnista español, tan alejado del anglosajón, mucho más periodístico.
Hoy, el panorama desolador del mundo del periodismo, así como la crisis intelectual que atraviesa nuestro país, ha devaluado el sacrosanto oficio del columnista.  A diario, en el mejor de los casos, las columnas son perpetradas por periodistas que confunden el articulismo con hacer un comentario más o menos sesudo  o ingenioso de las noticias. En el peor, las columnas se regalan a personajes famosillos por diversos motivos (políticos, deportistas, blogueros, tuiteros y demás y variada ralea del espectro mediático) que, en muchas ocasiones, ni tienen nada original que decir ni saben de qué manera hacerlo.
Así, donde antes podía haber un Camba o un Foxá, hoy crecen como hongos las columnas otorgadas a personajes de la tele, a tertulianos… Llegó un momento, de infausto recuerdo, que, al coger dos periódicos de antagónico planteamiento editorial, podíamos encontrar de columnistas a dos grandes intelectuales patrios como son El Gran Wyoming y Bertín Osborne. Y en ese plan, que diría Umbral, el último grande de las columnas.

Málaga Hoy, 11/11/12

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