Creamos

Publicado en 18/06/2012 | Por Cristóbal Villalobos | Otros

Hace cuatro años escribí un artículo sobre la profusión de banderas nacionales y el fervor patriótico, sano y apolítico, que desató nuestra gran primera victoria futbolística desde  la Eurocopa de 1964, aquella que ganamos a la Unión Soviética en el Santiago Bernabéu, con un gol de Marcelino en el minuto ochenta y cuatro.
Durante la Eurocopa de 2008, que ganamos con ese gol de Torres a los alemanes y bajo la batuta de Xavi, rescatamos nuestra bandera de la perfidia política para convertirla, tras muchos años, en un verdadero patrimonio nacional. Con ese gol del Niño, y ese juego de toque y retoque, la selección, acomplejada y ceniza durante décadas, se regeneró en un equipo campeón y mítico, con un lugar en el Olimpo futbolístico mundial desde aquel día en que Casillas levantara la Copa del Mundo, como antes lo hicieran Beckenbauer, Maradona o Dino Zoff.
La pasión futbolística se quedó en eso, en el balompié, que ya es bastante, frente a los optimistas que queríamos ver en la gesta el momento idóneo para fomentar un sentimiento común de pertenencia a nuestra nación, una de las más antiguas del mundo. Hoy se yerguen en nuestros balcones multitud de rojigualdas que piden una nueva oportunidad en un país que sigue, a marchas forzadas, el camino hacia la desintegración que ya diagnosticara Ortega en “La España invertebrada”.
Desde entonces, desde el 2008, la situación ha empeorado hasta límites insospechados, hasta tal punto que la selección se ha convertido en una de las pocas cosas que aún funcionan en nuestro país. Dice un intelectual, bastante odiado en los medios, que las dos únicas  cosas que vertebran aún a España son la Selección Nacional de Fútbol y El Corte Inglés, por lo que en esta España biliar, cainita y antiespañola no resulta nada extraño que, ante el titubeante inicio de la competición frente a la histórica Italia, los agoreros y los mediocres se lanzaran a criticar a un equipo que, haga lo que haga de aquí en adelante, ya ha marcado una etapa en la historia del fútbol y, lo que es más grave para muchos, ha conseguido que muchos españoles se sintiesen orgullosos de serlo.
Dicen los finos que el fútbol es el circo y el opio de nuestros días. Muchos intelectuales lo desprecian, como si se tratase de un entretenimiento bárbaro. Pero el fútbol, cuando la mercadotecnia le deja, es la épica de nuestra era. El juego con arte que nos brinda una tregua entre la mediocridad, la sustancia que nos evade, el credo de una sociedad laica. El hombre tiende a creer siempre en algo. Creamos en nuestro equipo, es lo último que nos queda.

Málaga Hoy, 17 de junio de 2012

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