DOS ESPAÑAS

Publicado en 24/01/2013 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos

El chaparrón de la corrupción cae más fuerte durante los últimos tiempos, como si el rollo ese de la ciclogénesis explosiva haya estallado dentro de ciertos sitios, hasta ahora blindados, como Génova 13.
El chirimiri, hoy el tema va de lluvias, que ha caído durante toda la democracia, con épocas de auténticas tormentas eléctricas, ha acabado en una enorme tromba que amenaza con hacer zozobrar la débil patera del Estado, sino hay pronto alguna noticia futbolística capaz de llevar al olvido la basura de estos días. Eso, o que retorne El Cordobés, el padre, claro.
Decían los antiguos que, contra Franco, se vivía mejor. Lo mismo pensé cuando se fue Zapatero ¿cómo podríamos vivir los periodistas y columnistas sin tanta metedura de pata? El tiempo siempre acaba por demostrar cómo se cumplen a rajatabla las leyes de Murphy y todo lo que está mal puede empeorar, casi ad infinitum. Confieso que me gustan los latinajos porque casi nadie los entiende ya. Viva la LOGSE.
Así que, últimamente, se suceden tantos casos de corrupción, tanta porquería sale a la luz, que el lector tiene la impresión de que aquí, menos uno mismo, roba todo el mundo. Lo malo es que las sensaciones, en muchas ocasiones, no están tan alejadas de la realidad como nos intentan vender.
Mientras escribo estas torpes líneas, aburrido de tanta noticia y superado ya el límite de la indignación, me llega la portada del diario de mañana (ayer para el lector de esta columna), con nuevas historias a base de sobres rellenos con billetes negros y dineros públicos que van a familiares, la “famiglia” ante todo, a través de una fundación del partido. Esa es nuestra España de hoy, quizás fue siempre así…
La democracia española parece que muere de éxito, o murió hace ya algún tiempo, y andamos sobre “rastrojos de difuntos”, como diría Miguel Hernández, un poeta al que mató la misma España que hoy nos roba a la otra media. Va, por tanto, mejorando la cosa. Y es que la corrupción generalizada, la sinvergonzonería española, tiene también su parte positiva y es que, al robarnos por todos los lados, desde todas las perspectivas y ángulos posibles, el mito de las dos Españas se rompe. Siguen existiendo dos Españas, que hielan el corazón de los españolitos, pero ya no nos agrupamos según nuestra filiación política, a diestra y siniestra, ahora lo que queda, muertas las ideologías, son dos bandos: los que nos roban y los que pagamos la fiesta.

Málaga Hoy, 22 de enero de 2013

El chaparrón de la corrupción cae más fuerte durante los últimos tiempos, como si el rollo ese de la ciclogénesis explosiva haya estallado dentro de ciertos sitios, hasta ahora blindados, como Génova 13.

El chirimiri, hoy el tema va de lluvias, que ha caído durante toda la democracia, con épocas de auténticas tormentas eléctricas, ha acabado en una enorme tromba que amenaza con hacer zozobrar la débil patera del Estado, sino hay pronto alguna noticia futbolística capaz de llevar al olvido la basura de estos días. Eso, o que retorne El Cordobés, el padre, claro.

Decían los antiguos que, contra Franco, se vivía mejor. Lo mismo pensé cuando se fue Zapatero ¿cómo podríamos vivir los periodistas y columnistas sin tanta metedura de pata? El tiempo siempre acaba por demostrar cómo se cumplen a rajatabla las leyes de Murphy y todo lo que está mal puede empeorar, casi ad infinitum. Confieso que me gustan los latinajos porque casi nadie los entiende ya. Viva la LOGSE.

Así que, últimamente, se suceden tantos casos de corrupción, tanta porquería sale a la luz, que el lector tiene la impresión de que aquí, menos uno mismo, roba todo el mundo. Lo malo es que las sensaciones, en muchas ocasiones, no están tan alejadas de la realidad como nos intentan vender.

Mientras escribo estas torpes líneas, aburrido de tanta noticia y superado ya el límite de la indignación, me llega la portada del diario de mañana (ayer para el lector de esta columna), con nuevas historias a base de sobres rellenos con billetes negros y dineros públicos que van a familiares, la “famiglia” ante todo, a través de una fundación del partido. Esa es nuestra España de hoy, quizás fue siempre así…

La democracia española parece que muere de éxito, o murió hace ya algún tiempo, y andamos sobre “rastrojos de difuntos”, como diría Miguel Hernández, un poeta al que mató la misma España que hoy nos roba a la otra media. Va, por tanto, mejorando la cosa. Y es que la corrupción generalizada, la sinvergonzonería española, tiene también su parte positiva y es que, al robarnos por todos los lados, desde todas las perspectivas y ángulos posibles, el mito de las dos Españas se rompe. Siguen existiendo dos Españas, que hielan el corazón de los españolitos, pero ya no nos agrupamos según nuestra filiación política, a diestra y siniestra, ahora lo que queda, muertas las ideologías, son dos bandos: los que nos roban y los que pagamos la fiesta.

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