El ministro Wert

Publicado en 22/05/2013 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Política

A Wert el ministerio le cayó de repente, de improviso, mientras vagabundeaba de tertulia en tertulia haciéndose el entendido en asuntos varios de la cosa pública. Aceptó raudo el encargo de remodelar y modernizar la Educación pública, con el problema del paro y la crisis económica de fondo. Aceptó sin pudor el negociado mediático, quizás con el orgullo henchido por el protagonismo y la seguridad que a uno le da creerse algo más listo que la media. Se veía capaz de todo.

Pronto su verbo ágil y lejano a la corrección política, algo extraño teniendo en cuenta su dedicación a la sociología y la demoscopia, empezó a darle dolores de cabeza, a él y al Gobierno, por lo que, con razón o sin ella, se tornó en el monigote que recibe buen parte de los palos, siempre debe de haber uno, de este gabinete. Puede que este rol le tocara en suerte por ser el menos político de los ministros de Rajoy y, por tanto, un peón del que no preocupa en demasía su desgaste ni su final inmolación política si, gracias a ello, cumple una misión útil para los intereses de aquel al que debe su ascenso a los altares de la política patria.

Esa misión, tan cacareada durante la travesía popular del desierto, no era otra que la de reformar la educación española, situándola, al menos ese era el objetivo, a un nivel europeo. Tardó cierto tiempo el ministro en lanzarse al ruedo con propuestas, pero desde un primer momento se fue echando encima a la oposición esbozando alguna de las líneas maestras de la futura reforma, como la obligación que el Estado tiene de asegurar la enseñanza de su idioma oficial en todos sus territorios.

Puesto en la diana por sus ocurrencias y afirmaciones, consiguió unir a toda la izquierda en su contra antes aún de anunciar la nueva ley, pues se parte de la base de que la educación, en España, sólo es libre y de calidad si se cimenta en unos postulados ideológicos de izquierdas. Esta es la única razón de las movilizaciones, puesto que los recortes se iniciaron de la mano de las comunidades antes incluso de la llegada del Partido Popular al Gobierno, que niegan la legitimidad de un Gobierno democrático, y con mayoría absoluta, para abordar un problema aceptado mayoritariamente por la sociedad, el del ínfimo nivel de nuestra educación, desde sus propio proyecto político. Única opción viable que queda para intentar mejorar la situación cuando no hay forma posible de alcanzar el consenso.

 Málaga Hoy, 21 de mayo de 2013

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