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Grândola, Vila Morena

Publicado en 01/03/2013 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Historia, Música, Política

Viejas canciones, ecos de nostálgicas revoluciones, vuelven a los sones de la crisis, como si las victorias del pasado trajeran una leve esperanza de futuro. El pueblo portugués, tan castigado como nosotros, pero quizás, incluso, más humillado por el imperialismo alemán teñido de europeísmo, recupera los versos de un antiguo himno, penetrando con su calor en la frialdad de un Parlamento vendido a “La Troika”.

A Passos Coelho, enorme y poético nombre para un primer ministro, le interrumpen el discurso económico unos parias que vociferan el “Grândola, Vila Morena”, de José Afonso, como sueño revolucionario efímero. “De todas las maneras que se puede interrumpir una sesión, ésta es sin duda la de mejor gusto”, afirmó  el político con una media sonrisa, entre la picardía y la nostalgia lisboeta de un “premier” con cara de no entender a Pessoa, pero que debe saberse al dedillo los informes del FMI.

Suena Amália Rodrigues de fondo, elevando a himno lo que antes fue sólo una cancioncilla progre, fue un 29 de marzo de 1974, cerrando su espectáculo en el Coliseo de Lisboa. Allí, entre el público, militares del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) decidían usar el tema como consigna cuando llegara la hora de la verdad.

A las once menos cinco minutos del  24 de abril  sonaba “E Depois do Adeus” (Y después del adiós), cantada por Paulo de Carvalho, primera señal para las fuerzas golpistas. A las doce y veinte, ya del 25 de abril, Radio Renascença emitía “Grândola, Vila Morena”, segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario que derrotaría a la dictadura de Salazar y que el pueblo recibiría con claveles.

Hoy, muertas las ideologías, reverdecen símbolos de épocas pasadas como mero romanticismo vacuo frente a la inmisericorde economía que nos devora, carente total de sentimientos.

Revista Capote, 23 de febrero de 2013

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