La guadaña

Publicado en 10/07/2013 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Política

Ante la indiferencia del respetable, que ni sabe ni contesta, se inicia una falsa carrera sucesoria en Andalucía, unas primarias de pega con el resultado ya marcado. Susana, “la chica de Presidencia” para el cura Chamizo, ascenderá al trono de San Telmo, nombrada dedocráticamente por el politburó socialista.

Susana Díaz es una de esos políticos que cuando los ves en una rueda de prensa te preguntas cómo han llegado hasta allí. No se le observa, al menos a simple vista, ninguna clase de mérito o talento, que alguno tendrá, sino un discurso plano en el que las ideas son low cost o saldos del chino de la esquina. A Susana se le conoce una Licenciatura en Derecho y un máster de un instituto que, casualmente, tienen la mitad de los políticos andaluces sin estudios. Antes de eso, cargos y más cargos…

A Griñán los ERE le han podido, eso y las pocas ganas, y, con Maleni imputada junto a una troupe de altos cargos, ve como se acerca la guadaña de la juez Alaya, dispuesta a decapitar a la masa gobernante del Partido y de la Junta que son, a estas alturas, la misma cosa.  En la Andalucía profunda, dominada por los Lanzas de turno, la economía de los ERE y las subvenciones ha enriquecido a muchos, a cambio de perpetuar la pobreza de nuestros pueblos. Alguno, en cuanto se acerque la juez, empezará a entonar La Traviata. Son como Bárcenas, pero con menos gomina e igual chulería, así que lo mejor es coger las de Villadiego y dejar a una encargada, no sea que, al final, el Presidente tenga que coger el camino de Jerez.

Desde Soto del Real, prisión con nombre de zarzuela, Bárcenas, en su humilde celda, tiene la llave de la gobernabilidad de España, Pedro J. mediante, que se entrevista con él durante cuatro horas y lanzan juntos un misil Tomahawk  a la línea de flotación del gabinete de Rajoy.

En un momento histórico, en el que los gobiernos y los políticos de España son presos de un sistema corrupto que les impide ejercer su labor, el país necesita urgentemente una revolución, pacífica y democrática, que la saque de esta parálisis y la ponga, de nuevo, en marcha, como diría Gabriel Celaya. Ese impulso, esa catarsis, lo tienen que dar los ciudadanos, sobre todos aquellos que militan en los partidos tradicionales, porque si no hacen nada resultarán cómplices de un sistema que nos lleva a la decadencia y al abismo moral: una España de sinvergüenzas y de gentes que sueñan con serlo.

Málaga Hoy, 9 de julio de 2013

¿Te gusta este artículo?¡Compartelo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *