La herida de España

Publicado en 24/12/2012 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Literatura

Tiene España una herida que la desangra, oculta bajo la epidermis de una nación que se muere de hastío, como casi siempre, y deja de rebelarse ante todo aquello que la atormenta. En el discurso de aceptación del Cervantes, o quizás del Príncipe de Asturias, da lo mismo, Francisco Umbral definió nuestro tiempo como la época del “rayo en la idea y la herida en la palabra”. Se habla y se escribe cada día peor, porque se lee y se piensa cada vez menos. La sociedad de la información y el desastroso sistema educativo español, más malo mientras más recursos le hemos dedicado, ha creado una sociedad cada vez más adormecida, más yerma, más displicente. Cuando Gabriel Celaya, poeta español de Guipúzcoa, escribió “La poesía es un arma cargada de futuro”, no podía pensar que, tantas décadas después, la realidad española iba a necesitar más que nunca la poesía. Y es que lo que le falta a España es alma. Criticamos a los políticos, como culpables de nuestros males, olvidando que no son más que la representación de una sociedad en la que los valores pasaron de moda hace mucho tiempo. Mientras, crucificamos a todo aquel que destaque cerca de nosotros, a todo aquel que vaya a contracorriente o intente ser libre. La “aristofobia”, que diría Sánchez Dragó, es el mal de esta sempiterna España cainita que nos impide salir de esta crisis moral, con unas raíces mucho más profundas que la económica. Nuestros gobiernos se cargaron las letras de las escuelas, de los institutos, de las universidades. Ahora resulta que es más importante, como recordaría Ortega, ser tonto en varios idiomas que ser capaz de pensar por uno mismo, y le metemos el bilingüismo a niños que no saben ni leer ni escribir en español. En las universidades se habla de “spin-off”, de emprendedores, y se destierran las ciencias y saberes que crearon la civilización occidental y por ende nuestra cultura. Celaya pedía una poesía comprometida. Una cultura que no se alimentara de sí misma, sino que constituyese un arma de la sociedad para el cambio, para el progreso, para buscar un país más libre y más humano y, sobre todo, una poesía que nos permitiese ser lo que somos, frente a la fría y descorazonada realidad. No tenemos más salida que empuñar la palabra, la idea, frente al vacío de nuestra política, pero mientras, para tener algún futuro, debemos conocer nuestra propia cultura, para dejar de dudar de nosotros mismos y saber quiénes somos.

Málaga Hoy, 18 de diciembre de 2012

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