La verdadera Universidad

Publicado en 21/01/2011 | Por Cristóbal Villalobos | Otros

La Universidad ha permanecido durante décadas alejada de la realidad económica y social. De ahí la necesidad, manifestada de forma reiterada por todos los sectores sociales, de actualizar el sistema universitario a los tiempos que corren.
A este problema intenta responder, en buena parte, el famoso proceso de Bolonia, que propuso con esta intención, entre otras medidas, la homologación de los planes de estudios europeos, con un nuevo sistema de créditos y ciclos universitarios, y la mejora de los medios a disposición de las universidades.

Las reformas universitarias provenientes del proceso de Bolonia, y otras que no surgen de él, pretenden acercar el mundo universitario a las necesidades del empresarial, así como potenciar la investigación para lograr una economía productiva y avanzada.

Si bien la mayoría de estas medidas son positivas, algunas de ellas, como la entrada de capital privado en la financiación universitaria, pueden ser criticadas. Pero no voy a entrar a discutir nada sobre ellas. Mi reflexión pretende señalar un problema que es anterior al proceso de Bolonia: la Universidad se ha convertido en un simple espacio físico en el cual los jóvenes aprenden a realizar una serie de tareas que les capacitarán, o no, para ejercer una profesión con la que malvivir e intentar pagar sus hipotecas. Bolonia parece que traerá algo de modernidad y progreso a nuestras aulas, pero seguiremos transitando por un camino equivocado.
La Universidad debe ser un lugar abierto dónde reine el pensamiento libre, la crítica y también la investigación, pero no sólo en el ámbito de la tecnología o la ciencia, sino también en el de las Ciencias Sociales y en el de las Humanidades, aún cuando unir investigación y Humanidades resulte una suma bastante extraña para la mayoría, pero que muchos hacen posible.
Ortega y Gasset resumía las funciones de la Universidad en tres; la enseñanza de profesiones, el progreso técnico y la transmisión de la cultura. En un mundo basado en el consumo, la cultura se ha convertido en una industria más. Aquello que los medios de comunicación denominan cultura está presente constantemente en nuestras vidas y al alcance de la inmensa mayoría, de ahí que parezca que ya no es necesario que la Universidad se dedique a esta tarea. Pero nos equivocamos.
El diccionario de la Real Academia Española define la palabra cultura como el “conjunto de conocimientos que permiten a alguien desarrollar su juicio crítico”. Es esta la función principal de la Universidad; generar y transmitir cultura a través de la educación y la investigación con el fin de contribuir a crear una sociedad más culta, es decir, una sociedad capaz de tener un pensamiento crítico y, por tanto, una sociedad que sea un poco más libre día a día.
Por el contrario, la Universidad ha seguido año tras año un camino que la alejaba cada vez más de su objetivo principal; procurar la libertad de los individuos a través del conocimiento. Es así como el sistema educativo ha ido penalizando aquellos estudios que, en apariencia, no tenían un fin y unos resultados prácticos. De esta manera, el espacio reservado a las enseñanzas de humanidades se ha ido viendo reducido no sólo en las universidades, sino también en la educación secundaria, en favor de las disciplinas científicas y técnicas.
De esta forma, el sistema educativo se ha centrado en formar técnicos cualificados para realizar una función específica en el sistema económico. Es así como las universidades se han dedicado a formar una cantidad concreta de trabajadores especializados, los demandados por el sistema laboral.
La adecuación de la política universitaria a los designios de la economía ha sido defendido como un logro, un gran paso en la renovación de estas instituciones. Pero adaptarse a los tiempos no es necesariamente algo positivo, ya que la Universidad actual no es sino una pieza más de un sistema económico y político injusto.
Aún cuando la formación de profesionales y el progreso técnico son dos labores fundamentales de las instituciones universitarias, la Universidad debe ser el centro del debate para crear un mundo más justo y libre, formado por personas que sepan pensar por sí mismas y que no sean simples números en las estadísticas económicas.

Accesit del Premio de Periodismo Augusto Pérez Perchet 2009, otorgado por la Universidad y por el Ateneo de Málaga dentro de los premios Ateneo-Universidad. Publicado en Aula Magna y en Diario Sur.

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