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Midnight in Rome

Publicado en 01/05/2014 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Historia, Literatura, Otros

Si para Umbral Madrid era, ante todo, un género literario, un universo de letras que desde Lope hasta el Callejón de Álvarez Gato transcurre por mil historias y mil estilos. Roma es, casi sobre todo, un género cinematográfico que se entremezcla con el resto de artes para mayor gloria de los hombres.

Cuando llegué a Roma por primera vez, recién licenciado, o casi, que por entonces era apenas lo mismo, me sorprendí a mi mismo en un decorado de la Dolce Vita cuando, agotado por las salas de los Museos Capitolinos, loba arriba loba abajo, salí al anochecer por una puerta trasera y, tras la plaza de Buonarroti, me encontré solo ante un foro silencioso y melancólico. Roma, caput mundi. La humanidad se adormecía a mis pies con la compañía moribunda de un mendigo, ajeno por cotidianidad a la grandeza, y los gatos romanos con los que jugueteaba Anita Ekberg.

Y es que cuando cae la noche, y desaparecen los japoneses con sus guías, el enorme parque temático barroco se convierte en el teatral escenario de una película personal en la que uno, que ha visto demasiadas películas neorrealistas, pasa cómicamente de Marcello Mastroianni a Nanni Moretti, mientras pasea coqueteando con el síndrome de Stendhal y siente el peso de la historia de la humanidad sobre sus hombros.

10171598_10154065088535220_1185401153_oLos paseos son eternos y en blanco y negro, mientras crees cruzarte con Vittorio de Sica o con Alberto Sordi por las esquinas y desde la Fontana de Trevi, o desde el templete de Bramante, resuenan preguntas y respuestas que se hacen diminutas  mientras rebotan en el espacio y el tiempo: “¿quién eres?” “No eres nadie”.

En Piazza Navona siempre creo ver el espectro de Indro Montanelli, de tertulia en uno de los cafés, mientras intento alcanzar a ver los frescos interiores de uno de los palacios y pruebo  a caminar con la parsimonia con la que, supongo, lo haría Gambardella por las orillas del Tiber, ya amanecido.

A la mañana siguiente la Escalera Santa, que subiera Cristo camino de Pilatos, es recorrida de rodillas por ancianos que buscan el perdón y la vida eterna, en un sepia bimilenario que conecta 2.767 años de arte en una tragicomedia sublime. De Eneas a Francesco Totti.

Cristóbal Villalobos

Cristóbal Villalobos @cristobalvs // Cuaderno de Lluvia @cuadernodlluvia

Escritor e historiador.

 

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