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Populismo mediático

Publicado en 15/05/2013 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Comunicación, Política

El Partido Socialista se desmorona en taifas que batallan entre sí por el control del aparato. Carentes de ideas, tras el mayor desastre electoral de su historia, cada baronía guerrea por su cuenta agarrada al clavo ardiendo de alguna trasnochada pseudoideología, contradictoria, en la mayoría de las ocasiones, con los mismos principios del socialismo.

El Partido Popular, entre la espada de la crisis y la pared de Europa, se ve obligado a hacer lo que se supone que no debía hacerse, con contestados resultados que, esperemos, acaben por mejorar la terrible situación actual pero que, de momento, lo único que consiguen es confundir y desesperanzar a sus militantes y votantes.

Ante panorama desalentador, y la falta total de liderazgo, se ha producido una clara desafección política que, por otro lado, se veía venir de lejos. La situación, ya desde hace tiempo, la empezaron a aprovechar una serie de oportunistas, que siempre ven la forma de beneficiarse del dolor ajeno. De esta manera, estamos asistiendo al nacimiento de una izquierda mediática, fomentada y erigida en estandarte de los oprimidos por las televisiones, y de una derecha casposa que campea por debates y tertulias.

Ambas corrientes se caracterizan por una serie de condimentos comunes. En primer lugar, han surgido de forma artificial, fomentada por unos medios de comunicación que necesitan oyentes y telespectadores, para lo que necesitan espectáculo. La moderación, el buen juicio, no venden, por lo que los representantes de este nuevo populismo bordean los extremos ideológicos de forma peligrosa.

En segundo lugar, se caracterizan por la simplicidad intelectual e ideológica, con argumentos y posturas monolíticas que imposibilitan la búsqueda de soluciones en un debate política sano, verdaderamente democrático y civilizado. Sus discursos, aupados por el respaldo mediático, sólo nos llevan a la confrontación y a la violencia dialéctica, incluso puede que en algunas ocasiones a la propia violencia física.

Por último lugar, son productos lógicos de una época de crisis social, en la que los partidos tradicionales no son capaces de superar los problemas. Ha ocurrido antes, y puede que vuelva a ocurrir: ante la crisis del sistema se alza el populismo y la demagogia, ofreciendo fórmulas que sólo acaban por degenerar, aún más, la realidad. No es esta la regeneración democrática que necesitamos en estos momentos de inestabilidad y angustia.

Málaga Hoy, 14 de mayo de 2013

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