Suárez y la España que agoniza

Publicado en 26/03/2014 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Historia, Política

Para los que nacimos en el felipismo Suárez era un fantasma carismático al que decían haber votado nuestros padres, cuando aún eran jóvenes, florecían a la Democracia e iban a las urnas con la alegría del que va al primer baile o al primer botellón. La elegancia de un traje oscuro en el blanco negro o el color de la RTVE de antaño, el cigarro y la corbata de la OJE.

Suárez era una estampa gris de gallardía y parsimonia. Un fumador heroico que, asaetado por los suyos, y ya dimitido, preservaba la dignidad de una nación frente a sus indignas tradiciones de asonadas decimonónicas con tricornio y bigote.

Suárez era, es, la nostalgia de un tiempo en el que, dicen, fuimos felices aún cuando las cosas eran muy difíciles: un tiempo en  el que los españoles tenían una ilusión y un futuro. A Suárez lo derribaron. Le pegaron tiros desde todos los flancos, también desde el suyo propio, para después subirlo al altar de los santos laicos, quizás cerca de donde algunos pusieron a Tierno o a Carrillo.

No cabe en la columna la historia de un moisés abulense que guió al pueblo español del desierto de la Dictadura a la tierra prometida de la Democracia, que hoy nos sabe a tan poco y que, entonces, lo era todo.

Hoy los periódicos vomitan panegíricos simplones de un hombre que fue el diablo y, caído y derrotado, pasó a ser como aquel abuelo al que la familia dice querer pero al que no le hacen mucho caso.

Vuelven las mismas imágenes que se han repetido tantas veces  durante las últimas décadas y que a mí, que nunca las viví, me siguen emocionando porque me recuerdan a hombres como mi padre, hombres de una pieza, de derecho, escribió ayer Jabois, que nacieron en el franquismo y supieron transformarlo sin rencores ni violencia en una España europea y moderna.  Hombres que sabían cuando llegar y, lo que es más importante, cuando irse. Con él se muere aquella España, mientras zozobra la nuestra y la nostalgia se convierte en pura necesidad en pos de la supervivencia de una nación suicida.

El Imparcial

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