Uno de los nuestros

Publicado en 16/06/2013 | Por Cristóbal Villalobos | Artículos, Política

Volvió el manacorí extraterrestre, prodigio de la naturaleza hispana, a sobreponerse al peso de la historia para ganar su octavo Roland Garros, algo inaudito. Se llevó por delante, como  un ciclón, a otro guerrero, un príncipe de las canchas al que los dioses del tenis contemporáneo le han impedido alcanzar una miaja de gloria. Nadal VS Ferrer, un duelo épico que nos retrotrajo a la Illíada. Aquiles frente a Héctor revisitados.

Desde hace ya un tiempo largo, más del deseado sin duda, una de las pocas cosas que funcionan en este país, y de las que podemos sentirnos orgullosos, es nuestro deporte. Invencibles en grandes disciplinas, el boom lo ha protagonizado una generación liberada de nuestro histórico complejo de inferioridad, aquel de Mr. Marshall, y que se enfrenta, de igual a igual, a cualquier competidor del mundo. La misma generación que anda trabajando en mil países, obteniendo el éxito que su propia nación les ha negado.

Esta España moderna, la más internacional y europea en siglos, tiene la fuerza de nuestra propia naturaleza, aquella indómita que nos llevó a conquistar medio planeta, realizando hazañas y locuras increíbles que han marcado la historia de la humanidad. Esta generación, la de Nadal, la mía propia, tiene ganas y preparación pero, con la excepción del deporte, se ve desperdiciada por una sociedad adormecida y mal llevada por unos políticos nefastos, perfecta traslación al ámbito del poder de la crisis cultural que vive nuestra sociedad.

Algo debe pasar, y pasa sin duda, en nuestro sistema político, cuando los más preparados son ignorados por el poder o, cuando no, defenestrados. No se ven, por ejemplo, esos jóvenes brillantes que están en grandes universidades extranjeras, investigando, dando clases, o en multinacionales e instituciones de diverso tipo, respetados en sus países de acogida, en los partidos políticos, en las estructuras de poder.

Si se ven, por el contrario, a jóvenes que triunfan en la política y que, salvo raras excepciones, son productos de partido, sin mérito alguno, pero que han escalado poco a poco a base de hacer de palmeros en mítines siniestros, mamporreros de sus jefes de filas. Jóvenes que, frente a los exiliados, tanto en el exterior como en el interior, disfrutan de unos privilegios inmerecidos. Estos son los que, en poco tiempo, nos gobernarán, mientras nuestro Nadal en la medicina, o en la física, tiene que coger la maleta hacia un futuro incierto.

Málaga Hoy, 11 de junio de 2013

 

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